
La
tarima flotante es un pavimento que está de moda y se utiliza cada vez más en
viviendas, ya que proporciona ambientes acogedores y agradables al tacto, al
ser un material cálido.
La
tarima o suelo flotante no está pegada ni clavada a ningún soporte, sino que se
apoya sobre una superficie existente nivelada, sobre la que se coloca una manta
de polietileno, pvc, geotextil, etc. Su material es resistente al desgaste, a
las manchas y quemaduras, y a la ralladura; y tras su colocación la vivienda
puede ser utilizada inmediatamente. Asimismo, aísla del ruido y de la
temperatura, lo que contribuye al ahorro energético. Viene con un acabado
perfecto de fábrica, por lo que no hay que barnizarlo ni necesita ningún
tratamiento posterior.
Existe
varios tipos
de tarimas flotante.
Tarima
flotante de madera multicapa.
Se compone de varias capas, una base inferior que estabiliza la tarima, dos o
más intermedias con un tratamiento hidrófugo que suelen ser resistentes y
baratas como el pino, bambú, etc.; y la capa superior o la de acabado, en
madera noble. Esta última capa debe tener como mínimo un grosor de 2,5 mm. para
poder ser acuchillada, aunque el grosor óptimo oscila entre 4 y 8 mm. para lijarla
y barnizarla varias veces y que dure más tiempo. Se recubre con 6 ó 7 capas de
barniz que la hace más resistente al roce. Esta tarima se puede confundir con
el parquet ya que tiene una calidad visual similar, aunque en estabilidad es
mejor la tarima de capa múltiple por tener las vetas de las capas intermedias
perpendiculares, lo que hace que las deformaciones por humedad o por
temperatura sean menores.
Recomendamos
que al adquirir este producto la capa superior tenga como mínimo 4 mm. y que
las capas intermedias y la superior estén bien pegadas, al ser esta zona la más
débil. Una de las cosas que más deteriora esta tarima es el uso de tacones, que
suelen producir marcas.
Laminado
o tarima flotante sintética.
Se compone de varias capas derivadas de la madera excepto la última, elaborada
con un compuesto sintético, normalmente de resinas de melanina, que lleva
impreso un dibujo imitando a maderas y un preparado que hace que sea resistente
al desgaste, a las manchas, etc. El grosor de esta tarima suele ser de 6 a 12
mm., y existe una gran cantidad de estilos, colores, texturas, y también se
comercializan con relieve. Resiste mejor a las deformaciones y la humedad que
la anterior, aunque en zonas de cocina y baños hay que utilizar materiales
especiales. Es más dura que la madera, por lo que aguanta mejor los arañazos y
el uso de tacones. Existen distintas calidades de laminados dependiendo de la
resistencia al roce, el uso al que estará sometido, etc. En el mercado podemos
encontrar varias clasificaciones: AC-3, AC-4, AC-5, o clase 31, 32, 34...
Recomendamos AC-3 (uso normal, vivienda), AC-4 (uso elevado, locales
comerciales), y AC-5 (uso intenso, bares y centros comerciales).
Al adquirir este material debemos tener en cuenta la zona de anclaje, la
parte más débil al igual que en el otro tipo de tarima. Este material no se
puede acuchillar, tiene una duración menor que la anterior, pero es más
económico. Otra característica a tener en cuenta es la densidad del tablero
inferior, a mayor densidad, mayor duración, independientemente de su acabado
superior.